Un artículo un poco más político, en Castellano.
Durante muchos años tuve que responder a preguntas de mis amigos españoles sobre el fenómeno Le Pen. A veces casi tenía que justificarme: ¿que porque teníamos en Francia a Le Pen?
Llegaba a Morales y, invariablemente, a las pocas horas alguien me lo preguntaba, o me lo reprochaba: ¿Y le Pen?
Según los momentos defendí posiciones ambiciosas (que probablemente no me creía ni yo):
- Le Pen era el precio a pagar por tener el derecho de opinar.
- Le Pen era la versión francesa del modelo nacionalista… esa lacra que hace que es mejor echarle la culpa al otro, al extranjero.
- Le Pen era la memoria del pasado, pero también del futuro, de lo que podía pasar si no se hacía caso a los problemas que mucha gente tiene que sufrir.
Pero en estos muchos años donde había que resistir a le Pen y al Frente Nacional nunca se hizo en Francia lo que paso en Madrid hoy. Nunca se enseñó tan evidentemente que desde el centro-derecha hasta la extrema derecha había la voluntad de enseñarse juntos, de tranquilizar al votante: no pasa nada: centristas y fascistas pensamos lo mismo.
Lo que se vio en Madrid hoy no tiene comparación con ningún evento pasado en Francia. Si, hubo negociaciones. Si, hubo alianzas tácticas en la segunda ronda de algunas elecciones para desbancar al socialista de turno. Pero nunca se sentaron a posar juntos, con sonrisa y sentido de éxito.
Sea cual sea la motivación – y aquí me corresponde recordar lo que escribí arriba: pienso que todos los nacionalismos son una lacra- no se puede aceptar ese tipo de alianza.

Una de las pocas cosas que sí aprendí en Francia de Monsieur y luego Madame Le Pen es que no es únicamente el problema de algunos. Es el problema de todos. No podemos pensar que le corresponde a los políticos resolverlo. Eso sería irresponsable y demasiado peligroso. Nos corresponde a cada uno denunciar la imbecilidad de sus primicias, la peligrosidad de sus ideas, el asco que nos da su propagación. Es importante que cada uno siga mostrando la falta de respecto que tenemos hacia los que les votan.
Un error –en el que ha caído Francia- es pensar que es suficiente descalificar a los políticos fascistas y simplemente decir que los que les votan se han equivocado; Haciendo eso se está cometiendo el pecado de darles la razón a los que opinan que el problema está en el proceso democrático. Obviamente, si opinamos que los que votan no saben lo que hacen es un primer paso hacia pensar que un sistema alternativo, donde solamente algunos tendrían derecho de voto, seria perfectamente admisible.
Por lo que es esencial decirles a los que votan a los fascistas, a los que desfilan con los fascistas, a los que aparecen con los fascistas que son cómplices.
16 febrero 2019 a las 18 h 13 min
Totalmente de acuerdo, Colin.
16 febrero 2019 a las 18 h 40 min
Totalmente de acuerdo.